Aceptarnos es la clave para vernos bien

Firmar la paz con uno mismo

POR CAROLINA AUBELE / ESPECIAL PARA BUENA VIDA

Ante la habitual disconformidad con la propia imagen no hay asesor que pueda generar un cambio si, antes, no se hay reconciliación con los aspectos que no podemos modificar. Cómo habría que mirarse para vivir más feliz.


Todos tenemos una silueta con características modificables, que dependen de nosotros,  e inmodificables, que no podemos cambiar.

En la mayoría de la gente, la lista de lo que no le gusta suele estar antes y ser más larga que la de lo que sí les gusta, por lo que eligen su ropa incluso pensando en ocultar lo que no les agrada. 

Aceptar lo que no podemos cambiar ahorra energía que podríamos utilizar para embellecer ese aspecto o, por lo menos, convivir  con él en armonía. Hay quienes se quejan toda la vida del ancho de su cadera, al punto de angustiarse casi a diario, y la realidad es que no hay cirugías para achicar huesos de cadera.

El camino de la belleza comienza por la aceptación de las verdades propias, no hay otra forma, tanto de lo hermoso como de lo que no lo es tanto.

En la imagen, se gana generando puntos de atracción que en el equilibrio general llaman la atención y, a veces, incluso se vuelven nuestros aspectos memorables al generar impacto visual. 

Los puntos de atracción ponen automáticamente en segundo plano, hasta hacerlos imperceptibles, a los aspectos que no nos agradan. No sucede lo mismo cuando se intenta “tapar” lo que molesta, que así puede incluso llamar más la atención.
 
No es necesario que todo salga al frente todo el tiempo. Según cada situación, podemos vernos atractivos a través de diferentes aspectos. 

Podemos trabajar en mejorar las cosas lindas, como puede ser un cabello espectacular, las piernas y brazos, lindo busto, piel radiante, sonreír más y cuidar los dientes y los labios. Quienes tienen una linda mirada pueden mejorar su comunicación por contacto visual. Quienes tienen lindas manos pueden mejorar la manera de moverlas. El modo de hablar  pueden hacer maravillas, la lista es infinita. El objetivo es potenciar lo bello y convivir en paz con lo demás.

Lo mejor es hacer una lista con por lo menos 7 cosas espectaculares y potenciarlas, e ir administrando cómo llaman la atención en las diferentes ocasiones.

Los accesorios pueden iluminar un rostro, prendas bien elegidas sugieren un cuerpo sensual que no necesita mostrar de más, zapatos estilizados le dan una fina terminación a las piernas, cuellos de camisas enmarcan la cara y la iluminan, corbatas realzan miradas… Es cuestión de probar.

Existen incluso necesidades físicas, como puede ser necesitar usar lentes o cubrirse del sol, por mencionar algunas. En esos casos, hay que integrar esas necesidades al look, al estilo de vida, al punto de que sean parte del sello personal. Sí, el que siempre lleva lentes con diseños espectaculares… O, sí, la que siempre tiene unos sombreros maravillosos.

Ante lo inmodificable, lo ideal es hacer uso del arte del ilusionismo y evitar los efectos “cortina”, que parecen tapar, pero sólo agregan volumen llamando más la atención. El color y los diseños de líneas puras son fundamentales para distraer la atención hacia otros puntos.

Los colores que reducen son el negro, pero mejores son incluso el azul noche bien oscuro y el gris oscuro. Por la luz que tienen, incluso afinan más la silueta que el negro y son más fáciles de integrar en un guardarropas. 

También es importante elegir prendas que no tengan mucho volumen; por ejemplo, prendas sin pinzas ni bolsillos, evitar aquellas con doble cruce en el frente, y elegir géneros livianos en lugar de gruesos.

Aprender a vestir el cuerpo es un proceso íntimo. Primero, hay que verse lo más objetivamente posible. Utilizar un espejo que no distorsione, para no echarle la culpa, a solas, sin segundas opiniones. 

Vernos con amor y una mirada positiva y siempre constructiva para reestablecer el vínculo con nuestro cuerpo, construir una nueva relación con él desde un lugar real, quién soy, cómo soy y, luego, cómo me visto hoy y aprendo a hacerlo mejor. 

Una vez reestablecido este vínculo, haciéndonos responsables de nuestro cuerpo y su cuidado, podemos ir a buscar ayuda externa.

Lo bueno de la responsabilidad es que nos da el poder para el cambio, a diferencia de sentirnos culpables y seguir en el circuito de la culpa y el autocastigo, negativos y difíciles de cortar. 

No hay asesores de imagen, personal trainers, nutricionistas, esteticistas, cirujanos, dermatólogos ni otras “ayudas externas” que puedan estar en nuestro cuerpo. Ellos sólo pueden ayudar a que estemos mejor, pero quienes marcan la dirección y el criterio de la belleza personal es uno. Somos los verdaderos directores de arte de nuestra estética.

¿Cuáles son tus 7 maravillas?

La autora es diseñadora de moda y asesora de estilo, autora de los libros Secretos del Vestidor y Secretos del Vestidor para Embarazadas, de Editorial Aguilar.

www.carolinaaubele.com

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